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Casas con Patio

Casa chorizo: cómo transformarla sin perder lo que la hace valiosa

Para mí, reformar una casa chorizo empieza por reasignar: encontrar qué uso le queda mejor a cada ambiente según su altura, su luz, su relación con el patio y la vida de quienes la habitan. A veces hace falta separar; muchas otras, conectar. Entender esa diferencia permite transformar la casa aprovechando lo que ya tiene.

Casa Ariela en obra: a través de una puerta de dos hojas, un cuarto de muros de ladrillo, con escombros en el piso y el sol entrando por la persiana de madera de la ventana.
Casa Ariela, en obra. Un cuarto que sigue al otro, como en toda casa chorizo.

Por , arquitecta (FADU-UBA), docente universitaria en la UPE.

8 min de lectura

Una casa chorizo casi nunca necesita que la den vuelta. Necesita que cada ambiente tenga el uso que mejor le queda: el más alto y abierto al patio, para la vida compartida; los más recogidos, para descansar. Y necesita su patio abierto al cielo. Casi todo lo que sale mal en estas reformas sale de no hacer esa lectura antes de demoler.

En Casa Ariela, mi propia casa en Mercedes, una casa chorizo de más de cien años, la galería original era tan ancha que tapaba casi todo el patio, y la casa entera quedaba oscura. Para que cambiara no hizo falta agregar nada: hizo falta sacar.

¿Qué es una casa chorizo?

Es la casa típica de Buenos Aires y de muchas ciudades de la región entre fines del siglo XIX y principios del XX. En lotes angostos y profundos, las habitaciones se suceden en fila sobre un costado, abiertas a un patio lateral y a una galería. Muchos de esos lotes tenían un frente de 10 varas: 8,66 metros. La tipología no es solo porteña: Casa Ariela está en un lote de mitad de manzana, con fondo.

Casa chorizo y PH no son lo mismo. Casa chorizo es una forma de organizar la casa; PH es un régimen de propiedad, que llegó con la ley de propiedad horizontal de 1948 y permitió dividir una misma construcción entre varios dueños. Por eso muchas casas chorizo hoy son dos o tres PH.

¿Por qué cuesta vivirla hoy?

Porque está pensada para otra forma de vivir. La sala iba al frente y los servicios al fondo, y para llegar de una habitación a otra se pasaba por la galería o se atravesaba la de al lado. Hoy eso molesta si todas son dormitorios, y deja la cocina aislada justo cuando la familia quiere vivir en ella.

Por eso no empiezo por los muros, sino por los usos. Primero necesito saber cómo vive cada familia: si un dormitorio es solo para dormir, o también para trabajar o jugar. Después leo la casa: el ambiente más alto y abierto al patio es el mejor lugar para la cocina, el comedor o el living; los más recogidos, para descansar. La distribución sale de cruzar esas dos lecturas.

¿Qué se suele hacer mal?

Estas son las intervenciones que más veces veo terminar mal:

  • Reemplazar con materiales que no dialogan con la casa. Muchas veces por presupuesto, se cambian pisos, aberturas o revestimientos por otros que no tienen relación con su identidad. Cuando una carpintería no se puede recuperar, uso puertas o ventanas antiguas de otras obras: no son las originales de esa casa, pero son auténticas y dialogan con ella. Es lo que hice en el PH Moreto y en Casa Ariela.
  • Bajar los cielorrasos. Se pierde la altura, que es uno de los atributos más difíciles de reproducir hoy.
  • Techar el patio. Los ambientes pierden luz y ventilación, y la casa pierde su centro. Vi patios techados que funcionan, pero son la excepción.
  • Unificar sin una intención. Estoy a favor de conectar ambientes, con una abertura, una arcada o una integración completa. Lo que evito es demoler sin decidir qué usos se van a relacionar y cuáles necesitan intimidad.

Lo que tienen en común estos errores es que se toman sin entender la casa.

¿Qué hacer con el patio y la galería?

Devolverles el cielo. En Casa Ariela saqué por completo el techo de la galería, que en la práctica convertía el patio en un patio techado. El techo nuevo de la cocina se prolonga y forma una galería más angosta, de 1,20 m, y más alta. Esa galería hace lo que una galería tiene que hacer: acompaña el recorrido, protege las carpinterías y deja lugar para un banco mirando al patio, donde sumé una fuente. Pero ya no tapa el cielo.

Los 1,20 m son la medida de esta casa, por su orientación y por la altura de su cubierta: no son una receta. La decisión de fondo, en cambio, se repite. En el PH Moreto y en el PH Méndez de Andes también había un patio techado, y en los dos la idea central fue destecharlo.

La galería original de Casa Ariela: un techo ancho de madera que deja en sombra el piso de mosaicos, un banco y una baranda de balaustres que cierra el patio.El mismo lugar al empezar la obra, ya sin el techo de la galería: el cielo abierto sobre el muro de ladrillo de la casa, la zanja de los cimientos nuevos y dos obreros trabajando.
Casa Ariela. La galería original, que tapaba casi todo el patio, y el mismo lugar al empezar la obra, ya sin ese techo.

¿Cómo se resuelven los ambientes que se atraviesan?

Con un pasillo, solo cuando hace falta. El pasillo aparece cuando hay dormitorios y baños: lugares que necesitan privacidad y no se pueden atravesar. La vida compartida no lo necesita: pasar del living al comedor es parte de usar la casa.

En el PH Moreto no hay pasillo. La ampliación fue hacia arriba: los dormitorios y el baño quedaron en la planta alta, y la planta baja quedó para la vida compartida. Al retirar el baño que interrumpía la nave del living, quedó una especie de planta libre en L, con el living, el comedor y la cocina vinculados, sin nada que separar.

Casa Ariela, en cambio, se resolvió toda en planta baja. Ya tenía una superficie importante, así que casi no se amplió: se demolió en parte, se conservó lo que valía la pena y lo demás se reemplazó por construcción nueva. Queda de casi 130 m². Con los dormitorios en la misma planta que la vida social, hizo falta un pasillo junto a la medianera. Los ambientes, de unos cuatro metros de ancho, lo permitían: las habitaciones conservaron cerca de tres.

El pasillo de Casa Ariela en obra, junto a la medianera: abajo, el revoque de saneamiento; arriba, el ladrillo original a la vista; a la derecha, las puertas de los dormitorios, y al fondo, la luz del patio.
Casa Ariela, en obra. El pasillo junto a la medianera, que lleva a los dormitorios.

El pasillo come superficie. Por eso, antes de dibujarlo, me pregunto si esos ambientes realmente necesitan ser independientes.

¿Qué hacer con la cocina?

Abrirla. Para mí, la cocina tiene que gozar de la relación entre el adentro y el afuera, y no ser un lugar encerrado.

En el PH Moreto, mantuve la cocina donde estaba, pero tiré casi por completo una de sus paredes y puse un gran ventanal. Eso sumó un poco de espacio y, sobre todo, cambió la percepción del ambiente: la vista ya no termina en el muro, sigue por encima de la losa hacia afuera. La cocina pasó de ser un cuarto de servicio a ser el lugar más vivido de la casa.

La cocina de PH Moreto en obra, antes del ventanal: la vista termina en una pared blanca, con caños y cables nuevos sobre el ladrillo y la bovedilla arriba.La cocina terminada bajo la bovedilla de ladrillo: mesa de hierro y madera, lámparas colgantes y el ventanal a la izquierda.
La cocina del PH Moreto, en obra y terminada, bajo la misma bovedilla. La pared de la izquierda se demolió: en su lugar quedaron la columna y, adelante, el ventanal.

¿Cómo se maneja un techo alto?

Conservándolo. A mí me gustan los techos altos: dan la sensación de no estar encerrado. Cuando hace falta bajar la escala de un ambiente, no recurro al cielorraso, sino a la iluminación. En mis proyectos, las luminarias son parte del diseño: bien usadas, acercan el techo, ordenan un espacio grande y le dan identidad.

Lo que no pongo bajo un techo de cuatro metros es un baño: es muy difícil de resolver. En estas casas casi siempre hay una parte que resuelvo con un lenguaje actual, y ahí van los ambientes húmedos. En Casa Ariela, el living y los dormitorios conservan el techo inclinado de vigas de madera y ladrillo a la vista; la cocina y el toilette están en un sector nuevo, de techo plano, que une esas dos áreas.

Los entrepisos casi no los uso: la altura rara vez alcanza para que queden bien. Lo que más veo en las recorridas son entrepisos hechos para sumar metros a la venta, que arruinan los dos espacios, el de arriba y el de abajo. Los uso cuando las proporciones lo justifican, como en un dormitorio de Casa Ariela, con un lugar de juego en niveles.

A veces conviene jugarse por la penumbra. En Casa Ariela, el pasillo hacia los dormitorios es largo y muy alto, sin cielorraso, con una sola luz tenue al fondo: un vestidor con un ventanal hacia el patio y la fuente, que funciona como punto focal mientras se recorre. El techo se ilumina de forma difusa, con una luz que se enciende al pasar, para que la penumbra muestre la materia del muro y del techo.

Transformarla para la vida de hoy

Una casa chorizo no necesita volverse otra casa para funcionar hoy.

Necesita que alguien entienda qué hace bien y qué le pide la vida actual, y que encuentre la forma de que esas dos cosas convivan. La pregunta de fondo es qué querés que sea esa casa, y qué parte de lo que ya es te ayuda a llegar ahí.

Lucía Sómmaro · Arquitecta

Arquitecta FADU-UBA · Docente universitaria en la UPE

Si estás en esa situación, empecemos por una charla de 30 minutos sobre tu casa.

  • Col·legi d'Arquitectes de Catalunya. La «Casa Chorizo», la vivienda típica de Buenos Aires de principios del siglo XX. Archivo de Internacional. Consulta: 28/10/2026.
  • Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Boletín Oficial n.º 4573, separata del 4/2/2015. Documentación sobre casas chorizo o de patios.
  • Ley 13.512 de Propiedad Horizontal, texto original de 1948, artículo 1.

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