Criterio · La tesis
¿Y si la casa más sustentable fuera la que ya está construida?
Casi siempre lo es. Construir una casa nueva genera hasta 13 veces más carbono que transformar la que ya existe. Los paneles solares y la buena aislación suman, pero la cuenta de lo sustentable empieza antes: en todo lo que cuesta construir.
Por Lucía Sómmaro, arquitecta (FADU-UBA), docente universitaria en la UPE.
8 min de lectura
Cuando alguien me dice que quiere una casa sustentable, casi siempre piensa en algo nuevo: un domo en las sierras, una casa de madera con paneles en el techo, un sistema que junte el agua de lluvia. Todo eso puede estar muy bien. Pero esa idea deja afuera una parte de la cuenta: para levantar cualquier casa hubo que fabricar cemento, ladrillos, acero y vidrio, transportarlos y hacer la obra.
Esa energía se gasta antes de que alguien encienda una luz, y no se recupera nunca.
Por eso una casa que ya existe tiene una ventaja que ninguna tecnología le puede dar a una nueva: ese costo ya está pagado. Cuando la transformo en lugar de demolerla, evito casi todo el carbono de construir. Un estudio de Historic England sobre una casa victoriana inglesa calculó que reemplazarla por una nueva del mismo tamaño generaba hasta 13 veces más carbono incorporado que reformarla. No es una regla para todas las casas, pero muestra de qué tamaño es la diferencia.
¿Qué hace que una casa sea sustentable?
La respuesta habitual mira solo una parte: cuánta energía consume la casa mientras se vive en ella. Calefacción, aire acondicionado, luz, agua caliente. Es lo que se llama energía operativa, y es lo que mejoran los paneles, la aislación y las carpinterías eficientes.
La otra parte casi no se nombra. Es el carbono incorporado: las emisiones que costó extraer y fabricar los materiales, llevarlos hasta el terreno, construir, y más adelante mantener y demoler.
Una casa nueva arranca su vida con toda esa deuda encima. Una casa existente ya la saldó hace décadas.
Mientras las casas consumían mucha energía, el carbono incorporado parecía un detalle. Pero cuanto más eficientes se vuelven las casas nuevas, más pesa lo que costó construirlas, porque es lo único que la tecnología no puede bajar después. Por eso una casa sustentable no se define solo por lo que gasta, sino también por lo que costó hacerla y por cuánto va a durar.
¿Cuánto carbono cuesta construir de nuevo?
En 2019, Historic England comparó dos caminos para la misma casa: una casa victoriana de ladrillo, la última de una tira de casas adosadas. En un caso se la reformaba y se le mejoraba la eficiencia. En el otro se la demolía y se construía una casa moderna del mismo tamaño. Contaron todo el carbono a lo largo de 60 años de vida.
13 veces
más carbono incorporado al construir una casa nueva que al reformar la existente. Historic England, 2019
El resultado: la casa nueva generaba hasta 13 veces más carbono incorporado. En la casa reformada, ese carbono era apenas el 2 % de todas sus emisiones en 60 años; en la nueva, el 28 %. Y la casa reformada, con las mejoras de eficiencia, bajaba sus emisiones de uso más de un 60 %.
53 a 75 %
del impacto ambiental se evitó reutilizando un edificio existente en lugar de construir uno nuevo. Hasik y otros, 2019
Otra investigación, publicada ese mismo año en la revista Building and Environment, analizó un edificio existente que se transformó para un uso nuevo. Comparado con construir uno nuevo, se evitó entre el 53 % y el 75 % del impacto ambiental, medido en varias categorías. La mayor parte del ahorro vino de conservar la estructura y la envolvente: justo lo que más cuesta fabricar.
52 años
tardó una casa nueva y eficiente en compensar lo que costó construirla, en un caso estudiado en Noruega. Berg y Fuglseth, 2018
¿Y si la casa nueva consume mucho menos? Un estudio noruego de 2018 hizo esa cuenta con una vivienda de la década de 1930, Villa Dammen. Compararon reformarla con criterio y mejorar su eficiencia contra demolerla y construir una nueva según las normas actuales. La casa nueva gastaba menos energía cada año, pero necesitaba unos 52 años de ese ahorro para compensar las emisiones de su construcción. En los 60 años que abarcó el estudio, la reforma salía ganando.
Son casos de otros países y de otros sistemas constructivos, y los números exactos cambian en cada casa. Pero la dirección es siempre la misma: lo que ya está construido es un recurso, y tirarlo tiene un costo que no aparece en el presupuesto.
El mito de empezar de cero
Se instaló la idea de que lo más limpio es empezar de cero: demoler, despejar y construir algo nuevo y eficiente. Parece la opción moderna, y muchas veces es la más cómoda para proyectar.
Pero empezar de cero nunca es gratis. La demolición genera escombros que van a algún lado, y la obra nueva vuelve a fabricar todo lo que se acaba de tirar. Aunque la casa nueva consuma muy poco, pueden pasar décadas, como esos 52 años del caso noruego, hasta que ese ahorro compense lo que costó levantarla. Y si en el camino se reforma, se amplía o se cambian sus materiales, la cuenta vuelve a empezar.
En las casas con historia de nuestra región eso es todavía más claro. Los muros de ladrillo macizo, las bovedillas y las carpinterías de madera maciza no valen por ser antiguos, sino por cómo se hicieron. Un muro de 50 centímetros aísla tanto como muchas de las paredes que se levantan hoy, y además su masa amortigua los cambios de temperatura. No es que hoy no se sepa construir así: es que dejó de convenir. Cuando lo que manda es cuánto se le puede sacar a cada metro cuadrado, la calidad es lo primero que se ajusta, y cada vez quedan menos constructores que conocen esos oficios.
Eso no quiere decir que transformar una casa antigua sea barato. Hacer algo de calidad tiene un costo, sea una casa nueva o una reforma. La diferencia es que, en una casa antigua bien hecha, una parte de esa calidad ya está pagada. Y tiene algo más, que no entra en ninguna cuenta: carácter. La mano de quien la hizo y el tiempo que pasó por ella no se compran nuevos.
Una casa que lleva cien años en pie no necesariamente agotó su vida útil.
¿Reformar es quedarse en el pasado?
No. Aprovechar lo que existe no es conservar la casa tal como está ni resignarse a espacios que ya no funcionan. Una transformación puede cambiar por completo la manera de vivir una casa: abrirla hacia el patio, llevar luz donde había oscuridad, ordenar la circulación, sumar una planta, conectar ambientes que estaban aislados.
Lo que cambia es el punto de partida.
En lugar de preguntarme qué casa quiero construir, me pregunto qué casa hay y qué puede llegar a ser.
Una pared antigua no tiene que ser intocable, y una distribución original no tiene por qué quedar igual. Se trata de reconocer qué merece quedarse y qué necesita cambiar, para que lo nuevo y lo existente convivan sin que uno tenga que borrar al otro.
Lo viví en mi propia casa. PH Moreto, en Villa Luro, era un PH al fondo de 40 m², con un patio techado y un baño agregado en medio del living. Se demolió solo lo que le restaba: ese baño y un techito de tejas. La bovedilla original quedó a la vista en planta baja y, reforzada con una capa de compresión, sostiene la ampliación de arriba: dos dormitorios, un baño y una terraza. El piso de esa terraza se hizo con los ladrillones que sobraron del techo. La casa pasó de 40 a 100 m² cubiertos sin tirar la estructura que ya tenía.




¿Cuándo no conviene conservar?
Hay casas que no se pueden recuperar, o que no conviene recuperar enteras. Problemas estructurales serios, una casa que ya fue desarmada por reformas sucesivas, o un programa que esa construcción simplemente no puede alojar. En esos casos, construir de nuevo puede ser la decisión correcta, y decirlo también es parte del criterio.
Lo que sostengo es otra cosa: que la demolición no sea el punto de partida. Antes de descartar una casa, vale la pena mirarla otra vez: qué partes siguen siendo útiles, qué cualidades están tapadas por intervenciones malas y qué posibilidades todavía no se exploraron. Muchas veces, detrás de una distribución incómoda o una fachada descuidada, hay una casa con condiciones excelentes para transformarse. Si estás por comprar una casa antigua y querés saber en qué fijarte, lo cuento en Cómo saber si una casa antigua vale la pena antes de comprarla.
Una casa que dura también es sustentable
Hay una última parte de la cuenta: el tiempo. Una casa que necesita reformas cada pocos años, o materiales que hay que reemplazar seguido, gasta recursos sin parar. Una buena orientación, una ventilación cruzada bien resuelta, una carpintería que dura y una distribución que admite cambios aportan más a lo largo de los años que una solución sofisticada y difícil de mantener.
Por eso pienso cada proyecto para que dure. Las casas antiguas que hoy transformo duraron cien años porque se hicieron así. La arquitectura debería poder conectar el pasado con el presente, y servir al futuro: eso también es sustentabilidad.
Arquitecta FADU-UBA · Docente universitaria en la UPE
La pregunta no es si tu casa es antigua o nueva, sino qué se puede hacer con lo que ya tenés. Si estás dudando entre reformar o empezar de cero, empecemos por una charla de 30 minutos sobre tu casa.
Contame sobre tu casaFuentes
- Historic England (2019). Heritage Counts 2019: There's No Place Like Old Homes. Re-use and Recycle to Reduce Carbon. Estudio de Carrig Conservation sobre una casa victoriana adosada. Ver la fuente
- Hasik, V., Escott, E., Bates, R., Carlisle, S., Faircloth, B. y Bilec, M. M. (2019). Comparative whole-building life cycle assessment of renovation and new construction. Building and Environment, 161, 106218. Ver la fuente
- Berg, F. y Fuglseth, M. (2018). Life cycle assessment and historic buildings: energy-efficiency refurbishment versus new construction in Norway. Journal of Architectural Conservation, 24(2), 152–167. Ver la fuente
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